Fiestas en pais vasco

Información general
Contents:


  1. Las fiestas y ferias más importantes de Bizkaia
  2. Euskadi contado por un vasco que vive en Granada: disfruta de lo que esconde esta tierra
  3. Fiestas y ferias en Gipuzkoa | Agenda Diario Vasco
  4. Calendario laboral del País Vasco del 12222 (con todos los festivos)
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Las fiestas y ferias más importantes de Bizkaia

Orquesta Sinfónica de Bilbao Anual. Temporada de Ópera de la Abao — Olbe Anual. Museo Guggenheim Bilbao. Spa Jardines Albia. BBK Live. Fiestas de Begoña. Bilbao Mendi Film Festival. Orquesta Sinfónica de Bilbao. Temporada de Ópera de la Abao — Olbe. Teatro Arriaga. Plaza Nueva. Ayuntamiento de Bilbao. Palacio Foral. Azkuna Zentroa — Alhóndiga Bilbao. Biblioteca de Bidebarrieta. Edificio de La Bolsa. Kiosko del Arenal. Basílica de Begoña. Catedral de Santiago. Iglesia de San Antón. Iglesia de la Encarnación. Iglesia de los Santos Juanes.

Iglesia del Sagrado Corazón.

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Iglesia San Francisco de Asís. Universidad de Deusto. Ambos pueblos, junto con el de Urdiain, usufructuaban en el pasado una porción de la Sierra de Urbasa en torno a esta ermita. El Consejo de1 Reino pronunció sentencia denegando que existiera tal derecho privativo, en detrimento del ejercido por todos los ganaderos navarros. Ambos ayuntamientos presiden alternativamente la fiesta, llevando la vara de autoridad uno sólo de ellos. No siempre las romerías situadas junto a los límites jurisdiccionales o próximas a los mismos dan origen a una manifestación tan explícita de las relaciones -positivas o negativas entre varias comunidades.

Sin embargo, cada pueblo asiste a su propia misa y celebra la romería en su respectiva jurisdicción. En ella se celebran tres misas; las dos primeras a cargo de los municipios vizcaínos colindantes en este lugar -Valmaseda y Arcentales- y la tercera ofrecida por el de Villaverde de Trucíos Santander , cuya jurisdicción se extiende hasta las proximidades de la ermita. Las rogativas de Abril congregan en el santuario de Ntra. Entrelazando e intercambiando las respectivas cruces parroquiales, afirman el sentimiento comarcal por encima de su adscripción a la pequeña comunidad primaria. El espíritu de esta solidaridad ritual preside el consejo que a continuación celebran ante el pórtico del templo para dictaminar sobre cuestiones de límites, compascuidad, etc.

Una curiosa modalidad de este ritual es la visita que realiza la corporación bermeana a la isla de Izaro, el día de la Magdalena VII.


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Situada frente a los puertos vizcaínos de Bermeo y Mundaka su posesión fue, en el pasado, causa de desavenencias entre ambos. La tradición afirma que la cuestión fue dirimida en una regata cuyo ganador, Bermeo, se adjudicó la jurisdicción sobre el islote; la actual visita constituiría una efeméride de este acontecimiento Tras arribar a Izaro, se da un vuelta alrededor , lanzando en las rompientes una teja como símbolo de posesión.

La excursión marítima se dirige después a Elantxobe, cuyo alcalde entrega al de Bermeo la vara de autoridad para que, simbólicamente, la ejerza durante su estancia. Tras diversos actos cívico-festivos se emprende el regreso hacia Bermeo, previa visita a Mundaka Los acuerdos de compascuidad reciben diversos nombres: Tales mancomunidades constituyen una de las formas que las que cada pequeña comunidad trasciende los propios límites, para organizar e institucionalizar sus relaciones con otras próximas. La utilización mancomunada de este espacio de pastos y bosques se regula ritualmente durante la romería celebrada en la ermita de la Santísima Trinidad, ubicada en plena Sierra, ya la que todos ellos acuden.

El día de la festividad se refrendan fraternalmente los intereses comunes mediante diversos actos religiosos y profanos, que contribuyen a estrechar vínculos. Pero, al día siguiente, la pelea de los mozos de estos mismos pueblos vehicula los conflictos que la normativa consuetudinaria no puede evitar, y cuya canalización es asumida por este contrapunto tumultuario de la fiesta. A los ayuntamientos alaveses y navarros que integran este condominio intermunicipal, hay que añadir los guipuzcoanos de Segura, Idiazabal, Zerain y Zegama Ya la capilla que alberga la gruta acuden en romería los vecinos de Idiazabal, el tercer día de Pascua de Pentecostés, renovando una tradición cívico -religiosa relacionada con los derechos de pastos parzoneros.

Al regreso, el alcalde de Idiazabal, que encabeza la comitiva festiva, intercambia su vara con los de los municipios vecinos, en claro gesto simbólico de libre circulación y acceso hasta los pastos mancomunados El Valle de Roncal constituye una mancomunidad basada en la asociación de sus siete villas, cuya Junta General protagoniza un decisivo papel en el modo de organización y utilización del espacio.

Existe también una pequeña zona, próxima a las mugas y en la jurisdicción de Isaba, sometida a un acuerdo facero con el vecino valle bearnés de Baretous. El Tributo de las Tres Vacas renueva anualmente una sentencia arbitral o tratado que la tradición retrotrae hasta el año , y que regula el acceso de los pastores baretoneses a los pastos y fuentes de Ernaz y Leja, poniendo fin a las disputas por esta zona limítrofe.

Acto seguido, todos colocan sus manos sobre el mojón fronterizo, sellando ritualmente un pacto cuya parte material son las tres vacas pirenaicas que anualmente tributan los bearneses a sus vecinos de Roncal. Dos de ellas son para Izaba, pueblo cuyos extensos pastos comunales se extienden hasta la muga fronteriza; la tercera se adjudica, por turno, a los pueblos de Ustarroze, Garde y Urzainki.

Finalizada la ceremonia comienzan los actos propiamente festivos. Consiguientemente, la ceremonia que la renueva anualmente -el 29 de Septiembre- no se ve obligada a asumir la teatralización de un drama, y reviste características mucho menos llamativas que las del Tributo. La Junta General del Valle de Salazar se limita a revisar las mugas, conjuntamente con las autoridades suletinas. Después, la comunión festiva une en el collado de Pikatua a los contingentes de salacencoa y zuberotarras que han acudido para convertir la renovación del acuerdo en jornada festiva. De entre la diversa tipología de cuestiones litigiosas que enfrentan a la Tierra Llana con los villazgos 38 , nos interesan especialmente aquéllas derivadas de la extensión territorial de las respectivas jurisdicciones.

La Carta Puebla de atribuía a la villa un amplio territorio en el que quedaban incluidas las anteiglesias de Begoña, Abando y Deusto. Bilbao materializaba estos actos mediante las visitas efectuadas anualmente, profanando un espacio -tiempo festivo considerado como privativo por estas comunidades rurales, y cuya trasgresión por parte de la Villa daría origen a diversas situaciones conflictivas.

Las visitas eran realizadas por la corporación bilbaína durante las principales festividades de las anteiglesias, inspeccionando el funcionamiento de mesones, tabernas, molinos, hornos y ermitas. Por otra parte, las autoridades de Bilbao ejercían la preeminencia sobre los fieles de los municipios vecinos en los actos religiosos o profanos de las romerías.

En Abando, principal blanco del expansionismo bilbaíno, dichas visitas se efectuaban los días de las festividades de San Vicente -patrono de la ante- iglesia- 22 de Enero y San Roque 16 de Agosto ; asimismo, con ocasión de las ferias de Santiago, en Julio, o en determinados festejos puntuales Durante la fiesta patronal abandotarra, el alcalde de Bilbao se paseaba por la campa de Albia con vara alta de justicia y ocupaba lugar preferente en el templo durante la misa. Tras presidir la misa y la comitiva procesional, el alcalde daba la orden de comienzo de la romería y, acompañado del regimiento, efectuaba diversas visitas jurisdiccionales durante su regreso a Bilbao.

La principal visita de las realizadas a Deusto tenía lugar en San Bartolomé de Bérriz el día de su festividad 24 de Agosto. A la inspección de carnicerías, pesos, mesones y tabernas, se añadía el acto de arrojar una piedra a la Ría -frente a la torre de Lutxana- en señal de dominio. Finalmente, la corporación de Bilbao presidía la romería celebrada junto a la ermita. Asimismo, el alcalde bilbaíno presidía la misa conventual de la anteiglesia el día de la festividad patronal de San Pedro 29 de Junio , rigiendo asimismo la romería. También visitaba la ermita de San Silvestre, en Luzarra, con ocasión de su festividad La anteiglesia de Begoña parece haberse emancipado de la tutela bilbaína antes que sus vecinas y no permitía estas intrusiones.

En las procesiones votivas begoñesas a las que asistía el alcalde de Bilbao, este debía depositar lavara de autoridad en la cadena contigua al convento de la Cruz, que señalaba el límite de ambas jurisdicciones Estas visitas y preeminencias de honor eran consideradas por las anteiglesias afectadas como una vejación. Su resistencia frente a las incursiones bilbaínas adquirió diversas formas. Sometidas a la preeminencia de autoridades extrañas en sus fiestas patronales, las ante iglesias evidencian su resistencia pasiva desplazando la solemnidad festiva a los días de su repetición, en los que cada comunidad reforzaba sus propios vínculos libre de intromisiones ajenas Pero, en determinadas ocasiones, esta hostilidad latente dejó paso a un conflicto manifiesto.

Los conflictos jurisdiccionales no eran privativos de Bilbao y su entorno. Portugalete sostuvo numerosos pleitos con las anteiglesias y concejos comarcanos, y la intromisión en las festividades de éstas también dio origen a conflictos abiertos. La ermita de San Miguel de Arretxinaga, situada en la primera de ellas pero a cien pasos del límite jurisdiccional de la villa, fue uno de los principales focos contenciosos durante los siglos XVI y XVII. En , el ayuntamiento de Markina presidió los actos de consagración del altar, que había contribuido a costear; pero, ya en el mayordomo nombrado por las autoridades de la villa era cuestionado por los vecinos de Xemein.

El final de estos conflictos se refrendó con una ceremonia o ritual de límites, repetida anualmente durante la festividad patronal de Xemein San Miguel, IX. El cabildo parroquial de Santa María era acompañado procesionalmente por numerosos vecinos de Markina y de Xemein, presididos por el alcalde de la villa.

Llegada la comitiva al mojón que separaba las dos jurisdicciones, los alcaldes cruzaban sus varas de justicia y la procesión continuaba ya en territorio de Xemein, y presidida por el ayuntamiento de éste La fusión de ambos municipios puso fin a las cuestiones de límites y, con ellas, a este curioso ritual cívico. Las villas alavesas nacen con una idéntica vocación de dominio sobre su entorno rural. Mediante el convenio de la Cofradía cede al rey 16 aldeas, que el monarca cede a su vez a sus villas realengas: En , la corona dicta una nueva sentencia arbitral, mediante la cual la Cofradía sufre una nueva desmembración territorial: Arrízala, Alangua, Egileor y Opakua El vecindario de la villa actualiza los lazos comunitarios mediante una merienda colectiva al aire libre, en la que el Ayuntamiento de encarga de aportar el vino.

Pero, San Juan es también el día elegido para efectuar un acto simbólico que expresa el dominio de Salvatierra sobre las aldeas agregadas. El Ayuntamiento en corporación, precedido por alguaciles armados con escopetas, acude al pueblo de Arrízala. Hace años se colocaba un arco adornado debajo el cual pasaba la comitiva, y los mozos disparaban al aire sus escopetas. Actualmente, los habitantes de la aldea engalanan los caballos del alcalde y concejales, y éstos obsequian a los concurrentes con vino dulce y con una cantidad para paliar los gastos de la fiesta.

Pero esta soberanía de la villa no es absoluta. Los aldeanos agasajan a la corporación aguraindarra y aceptan su autoridad, pero limitan simbólicamente su poder. En Vizcaya, las contradicciones entre el mundo rural y el urbano se caracterizan históricamente como la oposición entre la villa de Bilbao y la provincia agraria. La reestructuración social que caracteriza a la crisis de la sociedad tradicional tiene evidentes repercusiones espaciales. Cuestionada de esta forma la base material de su dominio, la villa superpone a su respuesta armada un gesto de afirmación simbólica del mismo: Tradicionalmente, los bilbaínos acudían a las romerías y fiestas de las vecinas anteiglesias.

Durante los años inmediatamente anteriores a la guerra, la romería de San Miguel, festividad patronal de Basauri, atraía la concurrencia masiva de la población activa de Bilbao. Cada 29 de Septiembre los talleres, almacenes y despachos de la ciudad hacían un paréntesis en la actividad laboral para que los bilbaínos pudieran desplazarse a la vecina anteiglesia En , y ante la imposibilidad de acudir a un espacio festivo ubicado en la zona carlista, Bilbao decidió celebrar la romería en el interior del Arenal, bajo la presidencia de su propia corporación. Mientras tanto, la artillería liberal disparaba para ahuyentar a los carlistas que contemplaban la fiesta desde Artxanda El espacio urbano-industrial desarticula la organización tradicional del territorio, estructurado por la parroquia rural.

Herida de muerte, la sociedad tradicional agoniza y, con ella, la ritualización festiva de la cultura rural. La delimitación conceptual del fenómeno urbano incluye unas características mínimas, comunes a las ciudades de diversos modos de producción, épocas y civilizaciones. La especialización y la diferenciación caracterizan tanto a la estructura social como al sistema de valores, actitudes y comportamientos de la cultura urbana. El control político reemplaza a los vínculos familiares y patriarcales, individual izando al ciudadano.

La división del trabajo da origen a nuevos grupos profesionales y refuerza la división en clases Este proceso de especialización y compartimentación parece dejar poco sitio para un ritual de identificación colectiva, inserto en unas coordenadas espacio -temporales propias de la cultura rural. Pero la ciudad, creación cultural por excelencia, no se disocia por completo de la naturaleza que transforma.

En la ciudad oriental, el palacio del príncipe asume el papel del centro omphalos, ombligo del mundo, mientras que el recinto sagrado capta la sacralidad difusa sobre el conjunto del territorio. La ciudad romana se implanta en la terra patrum patria mediante una ceremonia que subraya la consagración ritual de un espacio sagrado, que no se disocia del centro del mundo. La centralidad de Roma se traduce en un contenido de hegemonía. Este espíritu racionalista, identificado con la cultura de las élites, es una superestructura epidérmica.

Sobreviven ciertos elementos de la comunidad como forma real de vida.

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La ciudad añade a su autonomía política y económica la militar, garantizando la seguridad mediante sus milicias, y la financiera que asegura los medios para atender a la construcción y reparación de las murallas. Ambas poblaciones conmemoran ritualmente con sus alardes las respectivas victorias obtenidas sobre los franceses: En ambos hechos de armas participaron las compañías locales de la milicia foral guipuzcoana. En la época del asedio, la seguridad de la villa dependía de su propia milicia urbana, de los habitantes en armas. Las murallas de esta ciudad fronteriza fueron defendidas por vecinos de todas las clases, barrios, sexos, oficios y edades.

El Alarde reproduce hoy este acto de solidaridad, incluyendo representantes de todas estas categorías, organizados en compañías correspondientes a cada uno de los barrios que componen el municipio. Con aire marcial, las compañías desfilan entre ensordecedores salvas de escopeta.

El espacio recorrido por la comitiva es también claramente simbólico: Los lazos de sociabilidad se fraccionan en pequeños microcosmos estructurados en torno a las vecindades o barrios que componen la trama urbana. Dotados de realidad espacial, sus habitantes subrayan la propia coherencia a través de la oposición con otros barrios, en base a relaciones de familiaridad, amistad, vecindad o profesionales; relaciones estrechadas por la fiesta. En Pamplona, las ordenanzas de los barrios institucionalizaban, en , las relaciones de vecindad de unos barrios cuyo origen se remonta al régimen de burgos, que abarca desde el siglo XII hasta El espacio urbano vitoriano se subdividía en vecindades, que se mantuvieron en vigor hasta el siglo XVIII.

No obstante, las vecindades vitorianas ejercían labores asistenciales, y la solemnidad religiosa de sus patronos era celebrada con un verdadero programa de festejos populares Las crisis agrarias han arrojado sobre las ciudades a campesinos sin trabajo ya mendigos. Paradójicamente las ciudades, construidas para garantizar la seguridad dentro de sus muros, son ahora un reducto de inseguridad. La ciudad preindustrial no conoce la actual dicotomía entre trabajo y ocio.

La diversión se convierte en el contrapunto necesario de las actividades productivas. Esta asociación se hace extensiva al espacio urbano. Su utilización no implica alternativas funcionales que segreguen zonas especializadas en la trama urbana. En la calle coexisten valor de uso y valor de cambio, diversión y producción.

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Pero la acumulación de capital no monopoliza el entramado urbano. Esta costumbre, que perduró hasta la Primera Guerra Carlista, se completaba con las sokamuturras celebradas durante las vísperas y fiestas de los titulares de las parroquias, corriéndose los novillos en las plazuelas respectivas No hay que olvidar que esta circunstancia creaba, en la Venecia de esta época, las condiciones propicias para la invasión multitudinaria de la calle, durante un Carnaval que duraba varios meses. El asentamiento de Bilbao, enclavado sobre sedimentos aluviales poco consistentes, ocasionó la prohibición de que circulasen coches o carruajes por el interior de la villa Las calles de Tolosa eran alteradas todos los viernes por el toro ensogado conducido por los carniceros.

En Bayona, las plazas de la Course y de Armes, así como la calle Port -du -Verger , constituyeron el escenario de esta diversión tumultuaria, que no fue definitivamente abolida hasta El buey ensogado corría también por las calles donostiarras de Iñigo y Narrika hasta la Plaza de la Constitución.

Su supresión, acordada por el ayuntamiento en , ocasionó un verdadero tumulto El festejo taurino constituye un claro ejemplo de la evolución histórica de toda la fiesta popular urbana. Paralelamente, la división del trabajo y la división del tiempo se reflejan en la división del espacio, en una distribución en zonas funcionales caracterizadas por el predominio de una función determinada.

Las actividades de gestión, administración, producción, intercambio, residencia y esparcimiento se reparten la estructura urbana y la vida cotidiana. Existe en la ciudad un espacio del ocio, pero de un ocio mercantilizado; un espacio de consumo organizado en el que no cabe la improvisación. El tiempo festivo, es, por definición, el tiempo que niega con su brusca interrupción el quehacer cotidiano. Por ese motivo, la actual recuperación de nuestras fiestas populares urbanas representa una efímera, pero no por ello menos real, apropiación de la ciudad.

Propone un proyecto de espacio urbano definido por la relación, la comunicación, la participación y la libertad. Mediante este ritual tumultuario, el campo irrumpe en la ciudad, hasta cuyo centro político se abre paso un desordenado tropel de toros. Campesinos procedentes del entorno agrario y la población ciudadana se suman alborozados a este ritual subversivo que, a la vez que señala un paréntesis en la actividad laboral, anuncia la llegada de bienes nutricios Esta forma primitiva de fiesta urbana sobrevive tan sólo en zonas del País Vasco donde la sociedad tradicional ha resistido la presión del cambio hasta fechas muy recientes.

La oligarquía local acaba con los restos de participación popular en la fiesta y convierte a ésta en una serie de festejos en locales cerrados, en los que el pueblo sólo interviene como espectador. La clausura social se traduce en encierro arquitectónico, evidenciando la estructura espacial de las relaciones sociales. La masiva inmigración y el crecimiento de la trama urbana hacen el resto, desorganizando la vida comunitaria de los barrios.

El ritual de re apropiación de la ciudad central se desarrolla sobre una espacio no homogéneo y, por tanto, su distribución espacial tampoco lo es. El foco nodal de la fiesta bilbaína es el Arenal, espacio abierto que ya las viejas ordenanzas del siglo XVII reservaban para las actividades recreativas.

Las plazas, lugares por excelencia de contacto y de relación, captan la mayor parte de estos actos restantes. La recuperación de la Aste Nagusia fue el catalizador de una serie de fiestas de calle o de zona en la ciudad central. En una segunda fase, la consolidación de la fiesta central ha supuesto la decadencia de las de zonas que no cuentan con el refuerzo espacial de actividades de esparcimiento. Una fiesta plena de significados, de símbolos ancestrales y de valores alternativos. Aquí, la Parte Vieja es una zona funcionalmente degradada, pero que retiene los servicios de esparcimiento restaurantes, bares.

El Ensanche posee la centralidad comercial, de negocios, residencial y hotelera. Gros y Amara participan de las características de una ciudad central en proceso de descentralización. La geografía urbana de la fiesta se adapta a esta estructura relativamente descentralizada. De esta forma su festividad patronal, la Tamborrada, , se distribuye por todo el espacio urbano de una forma bastante homogénea. El solemne acto de izar banderas tiene lugar en la Plaza de la Constitución, antiguo centro cívico, y la multitudinaria tamborrada infantil se concentra en Alderdi Eder, frente al Ayuntamiento Sambas, fanfarres y cabalgatas recorren el centro urbano.

El zezenzuzko toro de fuego se desarrolla en la Plaza de la Constitución y los conciertos en el Boulevard, mientras que Gros alberga a las barracas. Los actos deportivos se dispersan por las instalaciones de la periferia Anoeta y Lasarte-Zubieta. El Casco Viejo de Vitoria, que ocupa el centro físico de la estructura urbana, es una zona profundamente degradada que retiene escasas características de la centralidad. Es en el ensanche decimonónico donde se ubican las principales funciones administrativas y de servicios. Al sur del ferrocarril se halla la zona residencial, mientras que las nuevas urbanizaciones de Txagorritxu y Gazalbide completan la ciudad central.

La zona de contacto entre el Casco Viejo y el ensanche constituye el centro de las fiestas patronales de La Blanca, en Agosto. Estas dan comienzo en la Plaza de la Virgen Blanca, con el disparo del chupinazo y el descenso de Celedón. Las procesiones y actos religiosos se concentran en el Casco Viejo, que es también el centro de los actos fuera de todo programa. En los principales parques y plazas del ensanche Los Fueros, PI. Las cuadrillas de blusas acuden a la plaza de toros recorriendo las principales arterias del ensanche Dato e Iradier.

Instalaciones como las barracas se ubican en la zona deportiva de Mendizorroza, mientras que txoznas y sokamuturra no encuentran un lugar donde se les permita asentarse. Los habitantes de los barrios urbanos participan intensamente en una fiesta que se desarrolla en el espacio de la ciudad central La distribución espacial de la fiesta patronal de Estella constituye el mejor ejemplo de proyección de las relaciones sociales sobre la estructura espacial.

Las pequeñas dimensiones de esta ciudad comercial e industrial no posibilitan una excesiva heterogeneidad social y espacial San Juan es el centro comercial, estructurado por la Plaza de los Fueros y la calle Mayor. Hasta hace pocos años las peñas, organizadas ahora como asociaciones, eran verdaderas cuadrillas cohesionadas por la pertenencia a un barrio o vecindad determinado. La fiesta, tras haberse posesionado del espacio urbano, penetra en el recinto de los edificios, reuniendo en los txabiskes a componentes de las peñas o grupos de amigos. Los Sanfermines han constituido el objeto del primer estudio que relaciona las dimensiones espaciales de una fiesta urbana vasca con las características del espacio que le sirve de soporte A pesar del equilibrio ejercido por los pequeños focos nodales de las cabeceras comarcales, el dominio provincial de Pamplona es indiscutible, ya que concentra las principales actividades secundarias y terciarias.

En el seno de su estructura urbana, el centro histórico se ha ido desplazando del Casco Viejo hacia el Ensanche, pero aquel conserva una parte de los elementos funcionales definitorios de la centralidad residencial, productivo" administrativo, religioso y comercial , compartidos con la ciudad nueva. Pero, sobre todo, el Casco Viejo es la cuna y la sede de los Sanfermines, esa gran fiesta que permite a los iruñarras una efímera apropiación de las calles y plazas que componen la vieja ciudad central.

Ya hemos hablado del encierro, pero otros recorridos festivos atraviesan la zona: Las instalaciones barracas, puestos de venta y actos en lugar fijo corridas, verbenas, festivales también desbordan parcialmente los límites del Casco Viejo, pero para ocupar su inmediata periferia. La iniciativa de las fiestas de Bayona corresponde al comercio local que, desde , ha implantado un modelo festivo inspirado en los Sanfermines si bien recupera elementos, como el encierro, pertenecientes a la tradición local. Por el Pont Saint -Esprit, algunas instalaciones prolongan el espacio festivo hasta un barrio a cuya entrada se asoman verbenas y desfiles de carrozas.

Calendario laboral del País Vasco del 12222 (con todos los festivos)

Los mecanismos de uso y apropiación festiva del espacio se asocian en diverso grado a los diferentes sectores de la estructura urbana. La elección de este espacio como lugar de encuentro e identificación colectiva se halla también favorecida por su valor simbólico: El casco histórico es un teatro ya diseñado para la sociabilidad cotidiana y apto, por lo tanto, para escenificar una obra que trasciende la representación para exigir la participación: Pero la recuperación festiva de este espacio histórico no implica un repliegue sobre el pasado, sino un proyecto de futuro.

No se asocia a los espacios religioso o político, definidores de la primitiva centralidad, sino al secular y al civil. Tampoco a los equipamientos de consumo del ocio: En ausencia de una marcada segregación espacial y cuando las dimensiones de la ciudad lo permiten, como en Estella, la fiesta se apropia del conjunto de la estructura urbana. La fiesta popular urbana ensaya en el centro histórico un proyecto de relaciones humanas y espaciales, que restituya a la ciudad entera un uso pleno.

The Geography of Recreation andLeisure. London, Cómo se estudian las fiestas populares y tradicionales. Madrid, II, pp.